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jueves, 26 de junio de 2008

ANTONIA CASTILLO DOCTORA CEUTI




Restituir la memoria de la doctora ceutí Antonia Castillo
Escrito por Francisco Sánchez Montoya
jueves, 26 de junio de 2008
www.elfaroceutamelilla.es

La doctora ceutí Antonia Castillo (Archivo: José Manuel López Gómez)Cuando la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, tuvo que salir de Ceuta en 1940, tras ser perseguida, represaliada y expulsada como facultativa municipal, por las nuevas autoridades tras el 17 de julio de 1936, emprendió el camino de un exilio no buscado.

Y toda ésta persecución, por cometer el "delito" de casarse con un hombre de izquierdas, el catedrático del Instituto Hispano Marroquí, Luis Abad Carretero. Esta salida de la doctora ceutí llevó consigo una imposibilidad de retorno, el sentimiento de identidad se truncó porque las raíces de su pueblo y sus lazos familiares se dejaron atrás. No volvió a su Ceuta natal, falleciendo en 1971. A esta laboriosa e inteligente doctora le debemos un reconocimiento, fué toda una pionera. En el mundo de la medicina, colegiándose en Ceuta en 1927, siendo la primera mujer. Pocas calles de nuestra ciudad llevan nombres de mujeres, la Doctora Castillo se merece que le devolvamos un poco de lo mucho que le quitamos hace setenta años.

Quisiera agradecer al doctor López Gómez, médico, historiador y académico, su ayuda y desinterés en ofrecerme todo los detalles de la doctora Antonia Castillo, su exitoso libro "Los inicios del ejercicio médico de la mujer en Burgos" me ha servido como base para este reportaje, a el todo mí agradecimiento.





La infancia
Nació un 27 de noviembre de 1907 en Ceuta. Su padre Enrique Castillo Borrego era propietario de una fábrica de conservas de pescados, su madre María del Valle, fallecida en 1922. Antonia Castillo tuvo cinco hermanos. Estudió el bachillerato en el Instituto General y Técnico de Cádiz. El 28 de agosto de 1923, con tan sólo 15 años, el rectorado de la Universidad de Sevilla le expidió el correspondiente título. Ese último curso 1922-23 obtuvo, además, sobresaliente con matricula de honor en el estudio del alemán. A principios del curso 1923-24 se traslada a Madrid, para estudiar medicina y en junio de 1928, con tan sólo, 20 años termina sus estudios de medicina con excelentes resultados.

Pocos días antes, una R.O. de 26 de septiembre de 1929, estableció la obligatoriedad de que los ayuntamientos de las ciudades que no tuvieren, dotasen plazas de tocólogo municipales. El de Ceuta era uno de ellos, la doctora Castillo ve en esta disposición una buena oportunidad para situarse profesionalmente, en una especialidad para la que cree hallarse bien cualificada. Se convoca por parte de la Junta Municipal la oposición, son cinco los oponentes, Sánchez-Prado, Lorenzo Trujillo, Marcial Gómez, Juan González y nuestra protagonista de este reportaje Antonia Castillo. Tras llevarse a cabo las pruebas, el 5 de marzo de 1931, la comisión Permanente de la Junta Municipal acordó, nombrar "médico tocólogo al servicio de esta Corporación a la señorita Antonia Castillo Gómez". Además se consignó en acta la satisfacción que tenía "al ver que es una hija de Ceuta la que ha conseguido el triunfo en la oposiciones celebradas".

Unos meses después, ya proclamada la II Republica, tomó posesión de su cargo como médico de la Beneficencia Municipal, ella debía atender a todas aquellas personas, en este caso mujeres, que carentes de recursos, según los criterios de la corporación, precisasen de sus servicios. En julio de 1932, Antonia Castillo dirigió un escrito al Ayuntamiento pidiendo permiso para poder ampliar sus conocimientos en Alemania, lo cual le aprobaron. En diciembre de 1933 se incorporó a su plaza en Ceuta. Hacia tiempo que se había independizado de la tutela familiar, vivía en una casa propia donde acompañada de su hermana África, atendía a los enfermos en su consulta. También tiene tiempo para dar alguna que otra conferencia a la gente humilde de la Ciudad, como la ofrecida en la Casa del Pueblo, titulada "Sobre el seguro de Maternidad".

En enero de 1936, contrae matrimonio con el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí de Ceuta, Luis Abad Carretero. Este era miembro del Partido de Acción Republicana fundado por Manuel Azaña, cuando a finales de 1934 su formación política decide fusionarse con el Partido Radical-Socialista de Marcelino Domingo, para dar origen a Izquierda Republicana, fué elegido presidente en Ceuta, hasta el 20 de abril de 1936, que fué sustituido por el abogado Salvador Fossati.

Los continuos rumores de sublevación en el veranote 1936, preocupan a la familia Abad-Castillo, dada la relevancia política de Luis. Los preparativos de la sublevación continuaban, el enlace en esta zona con el director de la sublevación era el teniente coronel Jefe del Acuartelamiento de la Legión en Dar Riffien, Juan Yagüe, éste recibe el 29 de junio la visita del diputado de la CEDA Francisco Herrera Oria, con las últimas consignas para el golpe, la reunión tuvo lugar en Ceuta.

A primeras horas de la tarde del 17 de julio, ya estaban las tropas sublevadas en las calles de Melilla y en Ceuta y ciudades del Protectorado Occidental se respiraba una tensa calma llena de miedos y recelos. Sobre las 16,45 horas, el Delegado del Gobierno en Ceuta, José Ruiz Flores, recibe la llamada del Jefe del Gobierno de la República y Ministro de la Guerra, Casares Quiroga, para informarle de los acontecimientos de Melilla. A continuación el Ministro de la Gobernación Juan Moles, telefoneó a Tetuán, y cambio impresiones con el Alto Comisario, Arturo Álvarez-Buylla.

A las 11 de la noche del 17 de julio las tropas tomas las calles, la doctora Antonia Castillo se queda en Ceuta y su marido Luis Abad, dada su militancia política, se refugia en Tánger, esperando al desarrollo de la sublevación militar.




Expulsada como tocóloga municipal, en 1939
La doctora Antonia Castillo, tras el golpe militar, continúa en su puesto de trabajo, a pesar de que Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos; las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos. Antonia Castillo, ve como muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos políticos o sindicatos se les instruye un expediente. La comunicación de este expediente no le llega hasta el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa –injustificadamente- entre otras cosas de "negligencia en su trabajo como médico tocólogo". Las acusaciones de falta de atención a sus pacientes en que se fundamenta el expediente, se vislumbran muy poco sólidos conociendo la buena formación clínica de la doctora Castillo y la probada dedicación a sus enfermos.

Con este expediente, más parece que se le pase factura por su matrimonio con Luis Abad y por las actividades políticas de éste. Pero con este primer expediente tan sólo era el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia sólo había comenzado a recorrer. En otro escrito, la Comisión depuradora le había formulado tres cargos: 1º Haber dado en cierta ocasión un mitin en la Casa del Pueblo, 2º Ser simpatizante de la política de izquierdas y 3º No ser de confianza para el Movimiento Nacional.

El juez instructor recabó diversos informes sobre el comportamiento de la Dra. Castillo a algunas autoridades gubernativas de Ceuta: Policía, Guardia Civil y Falange. El más extenso y revelador de todos ellos es el redactado por el delegado de Orden Público de Ceuta, el 10 de diciembre de 1938, en el que se puede leer: " Fué vicepresidente de la Asociación de Empleados Municipales y aparece en una fotografía reunida con los más significativos socialistas de esta Plaza, con ocasión de un mitin celebrado en la Casa del Pueblo. Se ignoran antecedentes masónicos. Está casada con el Catedrático Sr. Abad (Socialista furibundo) que se encuentra en la zona roja, haciendo campaña contra la Causa Nacional. Se la considera, como su esposo, de ideas extremistas. Dio conferencias en la Casa del Pueblo en propaganda electoral en el año 1933, no volviendo a actuar al contraer matrimonio con el Sr. Abad, diciéndose que se debía a que este era excesivamente celoso. Ha observado buena conducta pública y privada y se comporta bien en lo profesional, se ignora su forma de pensar con respeto al Movimiento Nacional… "

Nada de esto convenció al Juez de Instrucción, quien el 18 de febrero de 1939 estimó probados los cargos y la definió: " Como desafecta al Glorioso Movimiento Nacional y adicta al Frente Popular (…), por lo que revistiendo su conducta una notoria peligrosidad es permitido aconsejar que el funcionario de referencia no debe continuar figurando en el cuadro de los empleados del Nuevo Estado, ya que no ofrece garantías para los servicios del mismo... en consecuencia destitución de Doña Antonia Castillo Gómez en el cargo que venia desempeñando, y que, además, se adopten las medidas necesarias para que tampoco pueda volver a figurar a ningún otro de clase alguna, dependiete de esa Corporación".




Camino del exilio mejicano
Las diversas sanciones que se impusieron a la doctora ceutí Antonia Castillo, hizo que tuviera que salir de su ciudad y buscar otra salida de futuro. Causó baja en el Colegio de Médicos de Ceuta, el 30 de julio de 1939. La siguiente noticia que se tiene de ella, según el historiador López Gómez, es de finales de 1940 y la sitúa en Burgos, con anterioridad estuvo unos meses en Madrid. Pasando a ser también, al igual que en Ceuta en 1927, la primera mujer en formar parte del Colegio de Médicos burgalés. El refugio de Burgos, le sirvió para ir madurando la posibilidad de marchar al extranjero, donde se podría reencontrar con su marido.

En 1945, la doctora Antonia Castillo, prepara su traslado a Méjico. Unos años después viaja a Nueva York siendo una pionera en el estudio del cáncer. Mientras tanto Luis Abad, continúa su periplo ya que tras salir de Ceuta pasó a Tánger y desde allí a la península. Tras la Guerra Civil logro escapar de España, en un barco repleto de refugiados que le llevó desde Alicante a la costa argelina, para ser internado a continuación en el campo de concentración de Bogharí, próximo al desierto del Sahara, de donde, al parecer, pudo salir. Ya en 1940 se instaló en Oran, donde sobrevivió diez años dando clases de español, ingles y matemáticas a alumnos de bachillerato, y gracias a la venta de algunos cuadros.

Cuando hacia 1950 Luis Abad abandona Oran no se dirige a Méjico sino a Paris, donde va a permanecer casi cuatro años más. Allí da clases de español, entre otros trabajos como profesor. En 1953 Abad deja Paris rumbo a la capital azteca. Finalmente, transcurrido 18 años, se reencuentra con su esposa, Antonia Castillo, junto a la que sólo había convivido seis meses después de su boda.

Por fin, los dos están juntos en Méjico, Luis Abad, participa en posproyectos del Colegio de Méjico, y en 1956 es nombrado profesor titular de la cátedra de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma, y publica varios libros y en las más prestigiosas revistas mejicanas. Por otra parte, la doctora Antonia Castillo, se especializa en el campo de la ontología ginecológica, siendo una prestigiosa facultativa en Méjico.

Todo son éxitos para los dos en Méjico, pero añoran España y en 1966 emprendieron viaje a Madrid, con la esperanza de que la dictadura no les pida cuentas. Se instalaron por unos meses en la casa de Maria del valle Muñoz Castillo, la sobrina de Antonia. Pronto marcharon a Almería, no sabemos si la doctora ceutí volvió a pisar su ciudad natal. Compraron una casa en Gádor. A finales de 1970 la doctora Antonia Castillo notó un importante quebrantamiento de su salud, en vista de su progresivo empeoramiento decidieron regresar a Madrid. A principios de 1971, fallece u su marido decide enterrarla en Gádor, a donde regresó, para morir a su vez el 13 de noviembre de ese año

sábado, 13 de octubre de 2007

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y EXILIO

Los caminos y laberintos de la integración: los refugiados españoles de la Guerra Civil

Por Sonia Legarralde, Silvia Visconti y Alvaro Martínez

Las dos Españas.

En febrero de 1936, la República Española no cumplía aún cinco años de vida. En reñidísimas elecciones legislativas triunfa el Frente Popular y las preexistentes tensiones se acentúan. A los problemas estructurales de España, se le fueron superponiendo los coyunturales, que sin resolverse, llevaron al enfrentamiento político y social. Se desencadenó la guerra civil evidenciando dos modelos contradictorios de país: republicanos y nacionales. Las dos Españas a las que hacía referencia el poeta Antonio Machado.

La Guerra Civil es desde el presente calificada como "la mayor tragedia de la historia de España", "el mayor desastre nacional", "la mayor locura, bárbara y trágica locura" que los españoles cometieron en su historia. Pero, en su momento, se convirtió en la expresión suprema de un enfrentamiento ideológico que trasvasó las fronteras de ese país periférico de Europa.

Las tensiones que se manifestaron en la península con excepcional fuerza y dinamismo tenían, en aquél momento su correlato en las tensiones exteriores que recorrían el mundo. El fascismo y el nazismo eran dueños absolutos del poder en Italia y Alemania. La Sociedad de Naciones se mostraba inoperante para resolver las agresiones y mientras la URSS se integraba a ella, la Alemania nazi la abandonaba.

España, un país subdesarrollado de Europa, cuya historia parecía moverse al margen del rumbo del continente, aislada hasta de las guerras europeas desde la época de Napoleón, un país en definitiva peculiar , se convertiría en el símbolo de una lucha que marcó los años treinta.

El conflicto, al desatarse, movilizó instantáneamente las simpatías de las izquierdas y las derechas y rompió los límites europeos. Encarnó la lucha entre dos cuestiones sustanciales, la democracia y la revolución social por un lado; el totalitarismo y la contrarrevolución por otro. España fue el escenario privilegiado donde se vieron y se anticiparon los sucesos y las luchas que habrían de vivir otros pueblos poco después durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1931 una "revolución pacífica" había reemplazado del poder a los Borbones, pero quienes lo ocuparon no pudieron o no supieron contener ni la agitación social producto de la pobreza a que estaban sometidos vastos sectores de la población, ni tampoco llevar a cabo un plan de reformas profundas y efectivas que la desactivaran al ir eliminando las causas.

En el verano de 1933, el gobierno de Azaña dimitió. Las elecciones se celebraron en noviembre y mostraron un giro a la derecha. Los partidos republicanos de izquierda y los socialistas perdieron gran parte de sus escaños. La sustitución en el poder del gobierno progresista por gobernantes conservadores dio como resultado la revocación, suspensión o ignorancia de las leyes y decretos innovadores introducidos en el período anterior. Las órdenes religiosas fueron autorizadas a continuar como antes de 1931, volviendo a sus manos las propiedades incautadas, se suspendió la secularización de las escuelas, el Estado reasumió parte del pago de las retribuciones del clero, los salarios obreros y de trabajadores rurales se redujeron, los terratenientes elevaron sus rentas y los industriales aprovecharon al máximo el nuevo curso de los acontecimientos para obtener mayores ganancias. Agitaciones e insurrecciones locales se produjeron a diario, más de 1.000 huelgas afectaron a 840.000 trabajadores en 1933. En diciembre estalló la revuelta de Aragón; en marzo del 34, Zaragoza participó de una huelga general de cuatro semanas. En junio fueron las huelgas del campo en el sur donde por primera vez se unían la UGT (socialista) y la CNT (anarquista). A los levantamientos fracasados en Barcelona y Madrid debe sumársele el de Asturias, zona de mineros y obreros metalúrgicos, con sindicatos bien organizados, que mantuvo el control de su región durante dos semanas en manos de comités de trabajadores. Los generales Franco y Goded aplastaron la rebelión. Las cifras de muertos que se consideran oscilan entre 1.000 y 5.000 y los encarcelamientos alcanzaron a 40.000. La fuerte represión contribuyó a aumentar la presión revolucionaria generando un movimiento hacia la unidad. Fue en esa etapa cuando la izquierda española descubrió la fórmula del Frente Popular de la Comintern.

La idea de que todos los partidos y sectores constituyeran un frente electoral único contra la derecha fue ganando espacios. Incluso, los anarquistas, que tenían en España un fuerte arraigo entre las masas, abandonaron en esta etapa su tradicional oposición a la participación electoral e incluso instaron a sus seguidores a practicar por una vez "el vicio burgués" del voto. Aquel verano del 36, nítido en la memoria de muchísimos españoles, el Frente Popular triunfó en las elecciones.

Las alarmadas derechas españolas, que se habían sorprendido con los resultados de 1931, habían sabido reaccionar rápidamente. En sus Memorias de la Conspiración, Antonio Legarza Iribarren afirma que: "Desde los primeros comienzos de la República, allá en el año 31, se empezaron los primeros trabajos. (...) No estábamos solos en la lucha contra la República. Mussolini nos apoyaba, salieron de Navarra varias expediciones de jóvenes que marchaban a Italia a instruirse en el manejo de ametralladoras, fusiles ametralladoras y bombas de mano" En otro pasaje agrega que "este mes de junio de 1936, la organización de los Requetés navarros estaba ultimada" El pronunciamiento militar sería la carta jugada por la derecha española. Los generales planearon el golpe, necesitaban apoyo económico y lo negociaron con Italia. El golpe de estado, sin embargo, tuvo que abrirse paso, en medio de una sociedad movilizada. Triunfó en algunas ciudades pero encontró una encarnizada resistencia en otras. Iniciado el levantamiento el 17 de julio en Marruecos y el 18 en territorio español, el gobierno realizó desesperados intentos para evitar la guerra civil. Esta actitud lo llevó incluso a negarse a entregar armas a las organizaciones obreras que las reclamaban para defender la legalidad. El 19 de julio después de la asunción de José Giral, tras la sucesiva dimisión de Casares Quiroga y Martínez Barrio, las armas fueron entregadas.

La guerra se generalizó, una larga guerra civil entre el gobierno legítimo de la República ampliado por el apoyo de socialistas, comunistas y anarquistas y las fuerzas rebeldes. La contienda supo de múltiples contradicciones en el seno de los republicanos, una difícil coexistencia entre sectores con diversas aspiraciones donde se precipitó en algunas regiones la revolución social que los rebeldes habían pretendido evitar y que los republicanos incentivaron o intentaron aplacar según sus convicciones.

Los generales insurgentes por su parte aglutinaron a la Iglesia, los monárquicos y los sectores de la derecha más variada presentándose como "cruzados nacionales en lucha contra el comunismo ateo".

En definitiva triunfó una España: la de la bandera roja y gualda. Se estableció el General Franco como jefe de Gobierno y del Estado durante 36 años. El resultado de la guerra no fue un buen presagio para quienes veían los avances del fascismo y confiaban en derrotarlo o detenerlo. El conflicto se saldó con varios centenares de miles de muertos, heridos y presos, y un importante contingente humano que se vio obligado a exiliarse, a buscar refugio en otros países, en cualquier país que estuviese dispuesto a recibirlos.

En busca de un refugio.

Se evalúa en algo más de 100.000 los españoles, en principio pro nacionales, aunque frecuentemente sin preferencia definida, que salieron voluntariamente para el exterior, las más de las veces por un breve tiempo, procedentes de la zona republicana. Pero es claro, que el exilio se vivió en forma de salida obligada y por más tiempo, por parte de republicanos frente al avance y triunfo del nacionalismo.

Entre el 28 de enero y el 10 de febrero de 1939, casi medio millón de personas pasaron a Francia, siendo casi todos españoles, ya que los restos de las brigadas internacionales que se les unieron fueron un número insignificante, apenas unos 6.000.

Por supuesto que no debemos olvidar que Rusia acogió a 2.000 comunistas españoles, así como durante la guerra fue el refugio de 5.000 niños. Como tampoco, que hubo oleadas menores que se refugiaron en Portugal. Pero Francia fue el primer país de exilio y la única salida para los combatientes republicanos o civiles que se retiraban en el angustioso fin de la campaña de Cataluña. El éxodo hacia ese país, que no abrió sus fronteras totalmente, fue muy importante en esta etapa, aunque no fue el único, ya que en cuatro momentos durante la contienda se produjeron masivas expatriaciones forzosas de republicanos motivadas por las operaciones militares.

La primera oleada la produjo la campaña de Guipuzcoa en las últimas semanas del verano de 1936, donde 15.000 españoles, casi todos no combatientes, pasaron a Francia. De junio a octubre de 1937, con el desarrollo de la guerra en el norte, se observaron constantemente grupos de españoles que se dirigían a ese país, primero desde Vizcaya, y más tarde desde Santander y Asturias. Se cree que en esta oportunidad el número alcanzó a 150.000 personas, en su mayor parte civiles. En la primavera de 1938, se dio la tercera oleada, unas 2.500 personas que pasaron a tierra francesa (las dos terceras partes eran combatientes del décimo Cuerpo del Ejército Republicano).

De estas tres oleadas, no todos se quedaron al otro lado de los Pirineos. Por un lado, porque deseaban volver -casi siempre a la España Republicana- y por otro, porque las autoridades francesas estimularon su repatriación. Por eso, la mayoría regresó y sólo algunos, unos 45.000, permanecieron en territorio galo.

La última oleada de unas 10.000 personas, tuvo lugar en las semanas finales de la guerra. En esta oportunidad, los embarques de última hora se dirigieron hacia puertos argelinos, de ellos muy pocos regresaron a España.

A muchos refugiados civiles el recibimiento en Francia no les dejó un buen recuerdo, y a otros combatientes de la República, hasta hacía poco respetados y festejados defensores de la libertad y la democracia, les tocó transformarse en derrotados, prisioneros o extranjeros indeseables. Guardan en su memoria los campos de concentración franceses, aspecto que no vivieron los altos dirigentes de la administración republicana, para quienes la acogida fue distinta.

Para los cientos de miles que estaban en Francia, las opciones eran o regresar a España o reemigrar a terceros países. Aunque volver era difícil, las dos terceras partes, unos 360.000, lo hicieron a los nueve meses de terminada la guerra.

Para el resto, unos 170 o 180.000, la segunda opción fue obligatoria si deseaban abandonar los campos de concentración y la incómoda y arriesgada situación en Francia con la iniciación de la Segunda Guerra Mundial. Pero no era fácil: se necesitaba resolver el problema de la acogida en otro lugar.

Inglaterra y Estados Unidos tenían cerradas sus puertas. La propia URSS sólo admitió un contingente limitado de refugiados. El recibimiento principal lo encontraron en México, que se convirtió en el país de segundo asilo que albergó el mayor número de emigrados de la Guerra Civil.

En 1939 fueron más de 7.000 los españoles recibidos por el gobierno del Presidente Cárdenas, pero finalmente llegaron más de 20.000. También fueron a Chile (más de 2.000 en la famosa expedición del "Winnipeg") o a República Dominicana (unos 3.000 entre fines de 1939 y principios del 40) . No obstante, la mayoría quedaron en Francia y muchos se enrolaron en la Legión Extranjera Francesa cuando comenzó la Guerra Mundial.

Entre 1954 y 1976 regresaron a España entre 30 y 40.000 exiliados al amparo de una cada vez más flexible política de repatriaciones. Sólo un sector minoritario permaneció políticamente activo y volvió con la restauración de la democracia. Pero de todas formas, se considera que el exilio que provocó la Guerra Civil fue el mayor numéricamente que España produjo en su historia por causas políticas.

Tuvo, además, una duración muy considerable ya que el decreto de prescripción de delitos se sancionó recién en 1969, por lo que hasta ese momento no había para los españoles exiliados un retorno seguro.