jueves, 28 de agosto de 2008
LOS ULTIMOS DE VARSOVIA NO QUIEREN QUE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA LES OLVIDE
17.08.08 - P. S.
«En los años 50 llegamos a ser unos 300 españoles en Polonia. La mayoría vivíamos en Varsovia y en las zonas mineras de Silesia (sur del país). A pesar de la dureza del exilio, éramos bastante felices», recuerda Consuelo. La mayoría de ellos eran comunistas que abandonaron el país tras el triunfo del alzamiento franquista. Casi todos han fallecido o regresaron a España después de la muerte del dictador.
En Varsovia, además de Consuelo, sólo quedan cuatro, muy mayores y enfermos. María San Sebastián es la decana del grupo: tiene 100 años y quiere seguir viviendo mientras el cuerpo aguante. También aragonesa, reside desde medio siglo en Varsovia, donde derrocha agradecimiento al pueblo polaco porque le brindó el cariño y apoyo que le negaron las democracias europeas tras la victoria del general Franco.
La castellana Francisca Sacristán tiene 90 años recién cumplidos. No llegó a Polonia como refugiada política, pero estaba casada con un comunista español que sí tuvo que escapar de las garras del franquismo. Jaime Bové es catalán y tiene 85 años. Polonia le abrió sus puertas y su corazón. Está muy enfermo y ya apenas se levanta de la cama. Ni siquiera pudo acudir al cumpleaños de su buena amiga Francisca.
Enriqueta Roca también es aragonesa, como Consuelo y María, y como ellas vivió muchos años en Cataluña antes de exiliarse. Nadie sabe con certeza su edad. Ella, coqueta, la oculta.
Los últimos cinco exiliados españoles que sobreviven en Varsovia no quieren que la España democrática les olvide. «Hicimos lo que teníamos que hacer y no queremos medallas, sólo pedimos que España se acuerde de nosotros porque también somos españoles y queremos a nuestro país», pide Consuelo.
sábado, 2 de agosto de 2008
AGUSTI CENTELLES Y EL EXILIO
El fotoperiodista retrató en imágenes y en palabras la dura experiencia del campo de refugiados
Su futuro era incierto. Pero durante todo el periodo de su internamiento conservó la presencia de ánimo necesaria no sólo para dejar testimonio gráfico de la vida en el campo, que documentó en 600 fotografías (la inmensa mayoría, inéditas), sino también para ponerle palabras, un medio expresivo nuevo para él. Lo hizo en una sencilla libreta escolar, en catalán ("lo hago porque, sea cual sea nuestra suerte, tengas el orgullo y la satisfacción de ser catalán... Te pido perdón por las faltas: nunca he practicado el catalán por medio de la escritura") y en forma de un diario que en febrero será publicado en catalán (Columna) y castellano (Península), acompañado con un pliego de fotografías. Posteriormente, y de momento sólo en catalán, se editará un álbum con las mejores imágenes que tomó de la vida cotidiana en el campo. El dietario tendrá una versión en francés a rebufo de una exposición dedicada a Centelles en Bram que organizará el Jeu de Paume de París con motivo del 70 aniversario del final de la guerra civil y como símbolo del sufrimiento de los exiliados españoles.
Teresa Farré, que lleva 11 años estudiando la obra del fotógrafo, sobre quien prepara una tesis (la primera que se le dedica), fue una de las primeras personas en leer este relato íntimo, que se ha encargado de transcribir. Sergi, el destinatario natural del dietario, se sentía incapaz de enfrentarse a la dura experiencia de su padre. "Lo leyó no hace mucho, a partir de la transcripción", dice Farré.
Según explica la investigadora, Centelles se aplicó con regularidad a la tarea de escritura, aunque el tamaño de las entradas es dispar. Sus sentimientos personales, la añoranza de la familia y su estado de ánimo se alternan con reflexiones acerca del trato dispensado por los franceses a los internos, de cómo estos se van degradando con el paso del tiempo, de la preocupación colectiva por el contexto político mundial. Con una caligrafía cuidada pero abigarrada para aprovechar cada página, comenta las noticias, y también su actividad como fotógrafo en el campo. Una tarea en un doble sentido: atendiendo a su instinto de fotoperiodista, y como retratista de sus compañeros, lo que le permitió mejorar sus condiciones de vida en Bram.
En el camino del exilio, Centelles había llevado consigo una maleta con el grueso de sus fotografías, en buena medida imágenes de guerra. No se separó de ella durante años, conservándola incluso en Bram. En 1944, antes de iniciar el camino de regreso a España, la confió a unos labradores de Carcasona, y no la recuperó hasta 32 años más tarde. Sus hijos, Sergi y Octavi, son los depositarios del archivo paterno, que han catalogado y gestionan. Saben que una parte del material está desaparecida porque fue requisado, aunque como explica Farré intuyen que se circunscribe a vida social de la República. Lo que no esperaban es hacer nuevos descubrimientos entre el material que ellos mismos custodian. Pero justamente esto es lo que les ocurrió hace varias semanas, cuando en una vieja caja de galletas aparecieron un centenar de imágenes inéditas, tal como publicó ayer El Periódico de Cataluña. "Cuando mi padre murió debimos trasladar el archivo, y esta caja iba rondando por los estantes pero no le habíamos dado importancia. Seguramente quedó oculta en una doble fila", medita Sergi. Hasta que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) les pidió si tenían fotografías vintage sobre la ciudad. "Volvimos a buscar y rebuscar y dimos con la caja", añade Sergi.
Entre este tesoro desconocido para los descendientes del fotógrafo figuran 42 negativos sobre los bombardeos de Falset y Reus de 1937, otros muchos sobre la actividad fotográfica de posguerra de Centelles, centrados en las visitas de personalidades de todo tipo a las cavas de la empresa Canals & Nubiola (entre ellas, Dalí, Kubala o Cugat...) y una veintena de imágenes positivadas en su día por el propio Centelles, pero que permanecían inéditas. "Ha sido una sorpresa y una alegría fantástica", admite Sergi Centelles.
Retazos de un diario
- "Camiones ante sedes oficiales cargan precipitadamente. ¿Es posible que caiga Barcelona? ¿No habrá resistencia? ¡Por lo que se ve, no!. Todos huyen". (25 enero 1939).
- "Un trozo de carne que en Barcelona llamaba bistec, nos ha sido dado para cinco". (17 febrero).
- "Ha llovido mucho. Con este tiempo y viviendo así no aguantaremos mucho. Cada día hay muertos,. barracas hundidas, gente calada sin refugio." (24 febrero).
- "He vuelto a encontrarme ocho piojos más... La diarrea sigue... El trato francés deja que desear". (1 de marzo).
- "En el barracón estamos a seis grados bajo cero". (19 de marzo).
domingo, 27 de julio de 2008
ESPAÑOLES CONTRA HITLER POR EVELYN MESQUIDA
Una compañía española de la División Leclerc fue la primera en entrar en París; luego participó en la toma del Nido del Águila, la guarida del Führer. Evelyn Mesquida relata en ' La Nueve' (Ediciones B) su peripecia vital desde los campos de exiliados en el Sáhara
Evelyn Mesquida
DOMINGO - 27-07-2008
La Legión francesa acogió a muchos de los refugiados españoles [tras la derrota republicana en la Guerra Civil ]. (...) A los hombres válidos que iban llegando a los campos, los funcionarios franceses les habían ofrecido sistemáticamente enrolarse en la Legión o volver a España. Y volvieron algo más de cien mil refugiados en los primeros meses, sobre todo mujeres, niños y ancianos. Combatientes, muy pocos. Una cierta cantidad, difícil de cuantificar por el difícil acceso a los archivos, fue entregada por los mismos franceses a Franco. Muchos otros prefirieron enrolarse en la Legión , eligiendo la lucha con las armas en la mano en vez del maltrato y la humillación a que estuvieron sometidos en los campos. Así lo explicaría Enrique Ballester a Antonio Vilanova en su libro Los olvidados: "Para mí, la guerra que llegaba representaba la continuación de la de España; por ello, sin sentir ninguna atracción por ella, preferí los riesgos del soldado en campaña a la humillante condición de refugiado entre los alambres que nos rodeaban... Por otro lado, pensaba que si llegaba vivo al final de la guerra podría gritar a la faz del mundo que había ganado mi libertad con el fusil en la mano".
Más que las alambradas, el frío, la lluvia o el maltrato, el terrible dolor de muelas que sufría hizo claudicar al andaluz Manuel Fernández, internado en el campo de Saint Cyprien. Él mismo lo explicaba así en una entrevista con la autora, en 2004: "Cada día sacaban de allí decenas de muertos. Yo creí que iba a morir también. El dolor de muelas era insoportable y constante. Me volvía loco. Pronto comenzaron también la diarrea y los piojos. Los de la Legión venían incitando a que nos alistáramos. Al principio me negué, pensando en mi padre, porque él no habría querido que entrara en la Legión. Al final terminé aceptando: era la única forma para que me sacaran la muela y cesara aquel sufrimiento" .
Le sacaron la muela. Cuando el dolor desapareció, Manuel ya estaba enrolado. Inmediatamente fue enviado a Marsella, y después, embarcado junto con varios centenares más hacia el cuartel general de la Legión de África del Norte, en Sidi Bel Abbès, a orillas del desierto. Allí se encontraban concentrados ya varios centenares más de españoles llegados de Francia.
A los españoles les dieron la posibilidad de alistarse por cinco años y, más tarde, a finales de 1939 y principios de 1940, de poder hacerlo por "la duración de la guerra". Varios miles de refugiados aceptaron este estatuto y formaron en la Legión los Batallones de Marcha de Voluntarios Extranjeros. Estos batallones fueron concentrados en Francia, en el campo de Barcarés, donde poco después se formarían los regimientos números 21, 22 y 23, los dos primeros con más de la mitad de españoles y el tercero totalmente integrado por ellos. Más tarde se formarían en el norte de África seis regimientos más con miles de residentes y refugiados españoles o de origen español, y dos de ellos -el 11 y el 12- fueron enviados también a Francia para ser incorporados a los de Barcarés. (...)
En agosto de 1943, el general De Gaulle dio la orden de salir de Libia y dirigirse a Marruecos, territorio francés. Instalados en la región de Skira-Temara, a unos 30 kilómetros al sur de Rabat, los hombres de Leclerc comenzaron de inmediato a formar la que iba a convertirse en una de las unidades militares más famosas de la II Guerra Mundial: la Deuxième Division Blindée (2ª División Acorazada), más conocida como 2ª DB. Creada oficialmente el 24 de agosto de 1943, una de sus compañías, La Nueve , liberaría -justo un año después- la capital francesa. (...)
Compañía mítica para muchos, La Nueve fue una de las unidades blindadas del Tercer Batallón del Regimiento de Marcha del Chad, ampliamente conocido como "el Batallón Hispano". De las cuatro compañías de este cuerpo, integradas por numerosos españoles, sólo La Nueve estaba considerada totalmente como "unidad española": 146 de los 160 soldados que la integraban eran españoles o de origen hispano. La lengua hablada corrientemente era el castellano, la gran mayoría de sus oficiales eran españoles, las órdenes se daban en español e incluso el turuta tocaba con la corneta el despertar matinal "en español".
Según diversos testimonios, entre ellos el del mismo Dronne [capitán de la compañía], los anarquistas eran numerosos en la compañía e integraban totalmente la tercera sección del alférez Miguel Campos. Las otras secciones estaban compuestas también por republicanos y socialistas, sobre todo.
Aquellos hombres procedían de todas las regiones de España. La mayor parte había luchado en el ejército republicano o en las milicias populares durante la guerra, y todos tenían la experiencia del combate.
Aunque muchos oficiales franceses les temían -sobre todo los militares de tradición-, Dronne afirmaba que eran hombres "difíciles y fáciles". Difíciles porque era preciso que aceptaran por sí mismos la autoridad de su oficial de mando, y fáciles porque cuando le otorgaban su confianza era total y completa. "A pesar de su aspecto rebelde, eran muy disciplinados, de una disciplina original, libremente consentida", aseguraba Dronne.
"La mayoría de aquellos hombres querían comprender las razones de lo que se les pedía y era necesario tomarse el trabajo de explicarles el porqué de las cosas". "En su gran mayoría, no tenían el espíritu militar, eran incluso antimilitaristas, pero eran magníficos soldados". (...)
Los españoles sabían que Leclerc era un militar que, a pesar de su gran fe religiosa y su rango de aristócrata -algo que aquellos hombres no apreciaban demasiado-, no había dudado en elegir "la lucha por la libertad", como confesó Manuel Fernández a la autora. Todos sabían también que el patrón defendía al máximo la vida de sus soldados y que había llegado a rechazar por escrito ejecutar órdenes que consideraba insuficientemente estudiadas, mal concebidas y que habrían puesto en peligro sin ningún provecho la vida de sus hombres. Los españoles apreciaban verlo llegar a primera línea de combate, bajo una lluvia de fuego, guardando la calma. De la experiencia de la guerra, entre Leclerc y aquellos republicanos españoles, se desarrolló, hasta el último momento, una sorprendente simbiosis. (...)
El asturiano Manuel Fernández vivió apasionadamente la dura formación. Cada día -contaba- vivía con entusiasmo la calidad del armamento que tenían entre las manos. Los españoles destacaban en el manejo de todas las armas. La compañía se convirtió en un modelo. La experiencia de la guerra española contaba; la motivación de los hombres, también. Manuel, pensando día tras día en los futuros combates contra los alemanes, se repetía: "¡Ahora vais a ver!".
Algunas semanas después, los soldados estaban dispuestos. Cada equipaje constituía ya un verdadero equipo, con un objetivo común: el combate. De Gaulle llegó para visitar las tropas y hacer comprender discretamente que había llegado el gran momento. (...)
Para la mayoría de los soldados de la División , la distancia hasta la costa francesa se contaba sobre todo en tiempo: cuatro años... Cuatro largos años. El primer gesto de muchos al desembarcar [el 1 de agosto de 1944] fue coger un puñado de arena. Algunos lloraban. La División Leclerc era la primera tropa francesa que desembarcaba en suelo francés desde hacía cuatro años. La emoción ganó también a muchos españoles. Entre ellos, Amado Granell. Francia era para ellos en aquel momento la antesala del próximo "desembarco" en su país. (...)
Para De Gaulle era esencial que la liberación de París -simbólicamente, la liberación de Francia- fuera llevada a cabo por las tropas francesas. A finales de 1943, ante su insistencia, el general Eisenhower se lo había prometido. Para Leclerc era un objetivo militar desde hacía mucho tiempo. Los dos hombres sabían que de ello dependía mucho el futuro de la nación francesa. Leclerc fulminaba, exasperado, deseando enviar sus tropas hacia la capital.
Ante la imposibilidad de conseguir la autorización del alto mando americano, el día 21 de agosto de 1944, Leclerc decidió tomar la iniciativa de lanzar hacia París -sin autorización americana- un destacamento de infantería blindada ligera, a las órdenes de uno de sus hombres de confianza, al mismo tiempo que enviaba una misiva a De Gaulle: "Desde hace ocho días, el mando nos está marcando el paso. Toman decisiones sensatas y juiciosas, pero generalmente cuatro o cinco días más tarde de lo debido. Me aseguran que el objetivo de la 2ª División es París, pero ante la parálisis actual he tomado la decisión de enviar a Guillebon con un destacamento ligero en dirección a Versalles, con la orden de tomar contacto, de informarme y de entrar en París si el enemigo se repliega. Sale a mediodía y estará en Versalles esta tarde o mañana por la mañana. Desgraciadamente, no puedo hacer lo mismo con el resto de la División por cuestiones de aprovisionamiento de carburante y con el fin de no violar abiertamente todas las reglas de la subordinación militar". De Gaulle le contestó de inmediato: "Apruebo su intención". Al mismo tiempo que pedía de nuevo a Eisenhower que procediera con rapidez a dar la orden de ocupar Parí####ás tarde, Leclerc escribiría: "Estábamos decididos a vencer los obstáculos, dejando incluso de lado las razonables reglas del arte de la guerra".
La orden llegó por fin al día siguiente por la noche. El mismo día que daba por terminada la batalla de Normandía, el general Patton, jefe del Tercer Ejército norteamericano, aprobó que la División Leclerc fuera en vanguardia hacia París. Eisenhower, también. Por su parte, el general Gerow, puesto al corriente de la desobediencia de Leclerc, le había enviado una orden taxativa de volver a su destacamento recordándole que estaba bajo sus órdenes y sometido a la disciplina como cualquier general americano. Ante el caso omiso de Leclerc, Gerow aseguraría luego, furioso, que si Leclerc hubiera sido americano, lo habría enviado a un consejo de guerra de inmediato.
Al alba del día 23, la División se puso en marcha, con el Regimiento de Chad en cabeza y La Nueve en primera línea. Durante el día, las tropas avanzaron casi 210 kilómetros de una tirada, algo excepcional para una división blindada con más de 4.000 vehículos de todas clases, avanzando durante gran parte del camino bajo una lluvia diluviana. (...)
Llegaron zigzagueando con rapidez por diversas calles, desde la Puerta de Italia y después de haber atravesado el puente de Austerlitz, la columna de la 2ª División Blindada cogió la orilla del Sena, siguió el muelle de la Rape , el de Enrique IV y luego el de los Celestinos, hasta desembocar en la plaza del Ayuntamiento. Los hombres de La Nueve ocuparon con rapidez el terreno. Eran las 21.22.
La historia oficial francesa explica de esta forma la llegada de las tropas francesas a París, omitiendo generalmente la participación española e insistiendo en el hecho de que se trataba de tres tanques con nombres franceses, sin reconocer en ningún momento el papel jugado por Amado Granell y sin explicar que el destacamento del capitán Dronne se dividió en dos secciones. Una de ellas, al mando del teniente Granell, siguiendo otro itinerario, fue la primera en llegar a la alcaldía, y Amado Granell, el primer oficial del ejército francés recibido por el Consejo Nacional de la Resistencia , que ocupaba el palacio municipal desde unos días antes. Georges Bidault, presidente del Consejo, posó a su lado en la única foto que se conoce de aquel momento histórico y que sería publicada al día siguiente en la portada del periódico Libération con el título: "Ils sont arrivés".
Al llegar a la plaza, el primer vehículo de la sección mandada por Dronne, el half-track Guadalajara, atravesó la plaza y se instaló junto a una acera de la calle de Rivoli, cerca de las tiendas Les Ciseaux d'Argent y Zapatos Mansfield. Zubieta, Abenza, Luis Ortiz, Daniel Hernández, Argüeso, Luis Cortes, alias El Gitano, Ramón Patricio, alias Bigote, junto al sargento jefe, de Possese, saltaron del blindado y se instalaron en posición de defensa con las ametralladoras en la mano. "¡Son los franceses!", gritaba la gente que iba llegando, señalando a los españoles.
Amado Granell los estaba esperando en la puerta del Ayuntamiento. Cuando llegó el capitán Dronne entregó el mando de la columna a Granell y, escoltado por el armenio Pirlian, el capitán de La Nueve subió la gran escalera central del edificio, donde ya le esperaban Bidault y los jefes de la resistencia del interior, felices de encontrar por fin a un soldado francés... Los vehículos militares de La Nueve habían sido instalados en forma de erizo alrededor de la plaza. El Teruel se instaló enfrente, junto al Sena. Germán Arrúe se situó delante, metralleta en mano. (...)
El entusiasmo se prolongó durante la noche. París, que durante tres años había estado en la oscuridad, se llenó de golpe de luz, sin tener en cuenta el peligro de la aviación enemiga. La gente encendió todas sus lámparas y abrió de par en par las ventanas. A las dos de la madrugada, el capitán Dronne, instalado en un rincón de la plaza de la alcaldía, muerto de fatiga, se durmió escuchando las canciones de los numerosos españoles reunidos en círculo indio junto a la calle de Rivoli. Sus voces roncas entonaban con fuerza los himnos republicanos de la Guerra Civil. Dronne reconoció los cantos que tantas veces había oído entonar a aquellos hombres. Lo último que oyó antes de dormirse fueron las estrofas del Ay, Carmela. Más tarde, recordando aquellos instantes y rindiéndoles honores, escribiría: "Qué satisfacción y qué felicidad para aquellos españoles combatientes de la libertad. París era un extraordinario símbolo para ellos". París era en aquellos momentos, si duda, un excepcional símbolo para el mundo entero. -
http://www.elpais. com/articulo/ reportajes/ Espanoles/ Hitler/elpepusoc dmg/20080727elpd mgrep_7/Tes/
jueves, 26 de junio de 2008
ANTONIA CASTILLO DOCTORA CEUTI

Restituir la memoria de la doctora ceutí Antonia Castillo
Escrito por Francisco Sánchez Montoya
jueves, 26 de junio de 2008
www.elfaroceutamelilla.es
La doctora ceutí Antonia Castillo (Archivo: José Manuel López Gómez)Cuando la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, tuvo que salir de Ceuta en 1940, tras ser perseguida, represaliada y expulsada como facultativa municipal, por las nuevas autoridades tras el 17 de julio de 1936, emprendió el camino de un exilio no buscado.
Y toda ésta persecución, por cometer el "delito" de casarse con un hombre de izquierdas, el catedrático del Instituto Hispano Marroquí, Luis Abad Carretero. Esta salida de la doctora ceutí llevó consigo una imposibilidad de retorno, el sentimiento de identidad se truncó porque las raíces de su pueblo y sus lazos familiares se dejaron atrás. No volvió a su Ceuta natal, falleciendo en 1971. A esta laboriosa e inteligente doctora le debemos un reconocimiento, fué toda una pionera. En el mundo de la medicina, colegiándose en Ceuta en 1927, siendo la primera mujer. Pocas calles de nuestra ciudad llevan nombres de mujeres, la Doctora Castillo se merece que le devolvamos un poco de lo mucho que le quitamos hace setenta años.
Quisiera agradecer al doctor López Gómez, médico, historiador y académico, su ayuda y desinterés en ofrecerme todo los detalles de la doctora Antonia Castillo, su exitoso libro "Los inicios del ejercicio médico de la mujer en Burgos" me ha servido como base para este reportaje, a el todo mí agradecimiento.
La infancia
Nació un 27 de noviembre de 1907 en Ceuta. Su padre Enrique Castillo Borrego era propietario de una fábrica de conservas de pescados, su madre María del Valle, fallecida en 1922. Antonia Castillo tuvo cinco hermanos. Estudió el bachillerato en el Instituto General y Técnico de Cádiz. El 28 de agosto de 1923, con tan sólo 15 años, el rectorado de la Universidad de Sevilla le expidió el correspondiente título. Ese último curso 1922-23 obtuvo, además, sobresaliente con matricula de honor en el estudio del alemán. A principios del curso 1923-24 se traslada a Madrid, para estudiar medicina y en junio de 1928, con tan sólo, 20 años termina sus estudios de medicina con excelentes resultados.
Pocos días antes, una R.O. de 26 de septiembre de 1929, estableció la obligatoriedad de que los ayuntamientos de las ciudades que no tuvieren, dotasen plazas de tocólogo municipales. El de Ceuta era uno de ellos, la doctora Castillo ve en esta disposición una buena oportunidad para situarse profesionalmente, en una especialidad para la que cree hallarse bien cualificada. Se convoca por parte de la Junta Municipal la oposición, son cinco los oponentes, Sánchez-Prado, Lorenzo Trujillo, Marcial Gómez, Juan González y nuestra protagonista de este reportaje Antonia Castillo. Tras llevarse a cabo las pruebas, el 5 de marzo de 1931, la comisión Permanente de la Junta Municipal acordó, nombrar "médico tocólogo al servicio de esta Corporación a la señorita Antonia Castillo Gómez". Además se consignó en acta la satisfacción que tenía "al ver que es una hija de Ceuta la que ha conseguido el triunfo en la oposiciones celebradas".
Unos meses después, ya proclamada la II Republica, tomó posesión de su cargo como médico de la Beneficencia Municipal, ella debía atender a todas aquellas personas, en este caso mujeres, que carentes de recursos, según los criterios de la corporación, precisasen de sus servicios. En julio de 1932, Antonia Castillo dirigió un escrito al Ayuntamiento pidiendo permiso para poder ampliar sus conocimientos en Alemania, lo cual le aprobaron. En diciembre de 1933 se incorporó a su plaza en Ceuta. Hacia tiempo que se había independizado de la tutela familiar, vivía en una casa propia donde acompañada de su hermana África, atendía a los enfermos en su consulta. También tiene tiempo para dar alguna que otra conferencia a la gente humilde de la Ciudad, como la ofrecida en la Casa del Pueblo, titulada "Sobre el seguro de Maternidad".
En enero de 1936, contrae matrimonio con el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí de Ceuta, Luis Abad Carretero. Este era miembro del Partido de Acción Republicana fundado por Manuel Azaña, cuando a finales de 1934 su formación política decide fusionarse con el Partido Radical-Socialista de Marcelino Domingo, para dar origen a Izquierda Republicana, fué elegido presidente en Ceuta, hasta el 20 de abril de 1936, que fué sustituido por el abogado Salvador Fossati.
Los continuos rumores de sublevación en el veranote 1936, preocupan a la familia Abad-Castillo, dada la relevancia política de Luis. Los preparativos de la sublevación continuaban, el enlace en esta zona con el director de la sublevación era el teniente coronel Jefe del Acuartelamiento de la Legión en Dar Riffien, Juan Yagüe, éste recibe el 29 de junio la visita del diputado de la CEDA Francisco Herrera Oria, con las últimas consignas para el golpe, la reunión tuvo lugar en Ceuta.
A primeras horas de la tarde del 17 de julio, ya estaban las tropas sublevadas en las calles de Melilla y en Ceuta y ciudades del Protectorado Occidental se respiraba una tensa calma llena de miedos y recelos. Sobre las 16,45 horas, el Delegado del Gobierno en Ceuta, José Ruiz Flores, recibe la llamada del Jefe del Gobierno de la República y Ministro de la Guerra, Casares Quiroga, para informarle de los acontecimientos de Melilla. A continuación el Ministro de la Gobernación Juan Moles, telefoneó a Tetuán, y cambio impresiones con el Alto Comisario, Arturo Álvarez-Buylla.
A las 11 de la noche del 17 de julio las tropas tomas las calles, la doctora Antonia Castillo se queda en Ceuta y su marido Luis Abad, dada su militancia política, se refugia en Tánger, esperando al desarrollo de la sublevación militar.
Expulsada como tocóloga municipal, en 1939
La doctora Antonia Castillo, tras el golpe militar, continúa en su puesto de trabajo, a pesar de que Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos; las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos. Antonia Castillo, ve como muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos políticos o sindicatos se les instruye un expediente. La comunicación de este expediente no le llega hasta el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa –injustificadamente- entre otras cosas de "negligencia en su trabajo como médico tocólogo". Las acusaciones de falta de atención a sus pacientes en que se fundamenta el expediente, se vislumbran muy poco sólidos conociendo la buena formación clínica de la doctora Castillo y la probada dedicación a sus enfermos.
Con este expediente, más parece que se le pase factura por su matrimonio con Luis Abad y por las actividades políticas de éste. Pero con este primer expediente tan sólo era el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia sólo había comenzado a recorrer. En otro escrito, la Comisión depuradora le había formulado tres cargos: 1º Haber dado en cierta ocasión un mitin en la Casa del Pueblo, 2º Ser simpatizante de la política de izquierdas y 3º No ser de confianza para el Movimiento Nacional.
El juez instructor recabó diversos informes sobre el comportamiento de la Dra. Castillo a algunas autoridades gubernativas de Ceuta: Policía, Guardia Civil y Falange. El más extenso y revelador de todos ellos es el redactado por el delegado de Orden Público de Ceuta, el 10 de diciembre de 1938, en el que se puede leer: " Fué vicepresidente de la Asociación de Empleados Municipales y aparece en una fotografía reunida con los más significativos socialistas de esta Plaza, con ocasión de un mitin celebrado en la Casa del Pueblo. Se ignoran antecedentes masónicos. Está casada con el Catedrático Sr. Abad (Socialista furibundo) que se encuentra en la zona roja, haciendo campaña contra la Causa Nacional. Se la considera, como su esposo, de ideas extremistas. Dio conferencias en la Casa del Pueblo en propaganda electoral en el año 1933, no volviendo a actuar al contraer matrimonio con el Sr. Abad, diciéndose que se debía a que este era excesivamente celoso. Ha observado buena conducta pública y privada y se comporta bien en lo profesional, se ignora su forma de pensar con respeto al Movimiento Nacional… "
Nada de esto convenció al Juez de Instrucción, quien el 18 de febrero de 1939 estimó probados los cargos y la definió: " Como desafecta al Glorioso Movimiento Nacional y adicta al Frente Popular (…), por lo que revistiendo su conducta una notoria peligrosidad es permitido aconsejar que el funcionario de referencia no debe continuar figurando en el cuadro de los empleados del Nuevo Estado, ya que no ofrece garantías para los servicios del mismo... en consecuencia destitución de Doña Antonia Castillo Gómez en el cargo que venia desempeñando, y que, además, se adopten las medidas necesarias para que tampoco pueda volver a figurar a ningún otro de clase alguna, dependiete de esa Corporación".
Camino del exilio mejicano
Las diversas sanciones que se impusieron a la doctora ceutí Antonia Castillo, hizo que tuviera que salir de su ciudad y buscar otra salida de futuro. Causó baja en el Colegio de Médicos de Ceuta, el 30 de julio de 1939. La siguiente noticia que se tiene de ella, según el historiador López Gómez, es de finales de 1940 y la sitúa en Burgos, con anterioridad estuvo unos meses en Madrid. Pasando a ser también, al igual que en Ceuta en 1927, la primera mujer en formar parte del Colegio de Médicos burgalés. El refugio de Burgos, le sirvió para ir madurando la posibilidad de marchar al extranjero, donde se podría reencontrar con su marido.
En 1945, la doctora Antonia Castillo, prepara su traslado a Méjico. Unos años después viaja a Nueva York siendo una pionera en el estudio del cáncer. Mientras tanto Luis Abad, continúa su periplo ya que tras salir de Ceuta pasó a Tánger y desde allí a la península. Tras la Guerra Civil logro escapar de España, en un barco repleto de refugiados que le llevó desde Alicante a la costa argelina, para ser internado a continuación en el campo de concentración de Bogharí, próximo al desierto del Sahara, de donde, al parecer, pudo salir. Ya en 1940 se instaló en Oran, donde sobrevivió diez años dando clases de español, ingles y matemáticas a alumnos de bachillerato, y gracias a la venta de algunos cuadros.
Cuando hacia 1950 Luis Abad abandona Oran no se dirige a Méjico sino a Paris, donde va a permanecer casi cuatro años más. Allí da clases de español, entre otros trabajos como profesor. En 1953 Abad deja Paris rumbo a la capital azteca. Finalmente, transcurrido 18 años, se reencuentra con su esposa, Antonia Castillo, junto a la que sólo había convivido seis meses después de su boda.
Por fin, los dos están juntos en Méjico, Luis Abad, participa en posproyectos del Colegio de Méjico, y en 1956 es nombrado profesor titular de la cátedra de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma, y publica varios libros y en las más prestigiosas revistas mejicanas. Por otra parte, la doctora Antonia Castillo, se especializa en el campo de la ontología ginecológica, siendo una prestigiosa facultativa en Méjico.
Todo son éxitos para los dos en Méjico, pero añoran España y en 1966 emprendieron viaje a Madrid, con la esperanza de que la dictadura no les pida cuentas. Se instalaron por unos meses en la casa de Maria del valle Muñoz Castillo, la sobrina de Antonia. Pronto marcharon a Almería, no sabemos si la doctora ceutí volvió a pisar su ciudad natal. Compraron una casa en Gádor. A finales de 1970 la doctora Antonia Castillo notó un importante quebrantamiento de su salud, en vista de su progresivo empeoramiento decidieron regresar a Madrid. A principios de 1971, fallece u su marido decide enterrarla en Gádor, a donde regresó, para morir a su vez el 13 de noviembre de ese año
martes, 18 de diciembre de 2007
MUSEO SOBRE EL EXILIO LA JONQUERA ESPAÑA
El Museo-Memorial del Exilio se ha inaugurado hoy en la localidad fronteriza de La Jonquera como un espacio permanente dedicado a recuperar la memoria de los exiliados por la Guerra Civil española
(Público, 15-12-07)
EFE - La Jonquera (Girona) 15 dic (EFE).- -
El Museo-Memorial del Exilio se ha inaugurado hoy en la localidad fronteriza de La Jonquera como un espacio permanente dedicado a recuperar la memoria de los exiliados por la Guerra Civil española, y a estudiar y divulgar su legado.
El conseller de Interior, Relaciones Institucionales y Participación, Joan Saura, ha presidido la apertura de este nuevo museo, situado en el centro de la localidad, que incluye una muestra permanente sobre la historia del exilio desde la Guerra Civil hasta nuestros días, una sala de exposiciones temporales y una aula de talleres pedagógicos.
El equipamiento, que ocupa 1.600 metros cuadrados y ha supuesto una inversión de 3,15 millones de euros, financiados por la Generalitat de Cataluña (38%), el consistorio local (31%), la Unión Europea (22%) y la Diputación de Girona (8,8%), difundirá tanto la memoria del exilio republicano como la constante del exilio en la historia universal.
Con una voluntad explicativa y pedagógica, la muestra, que no se abrirá al público hasta enero, describe todo el ciclo histórico que ocasionó el exilio republicano tras la contienda española, estructurado alrededor de cinco ámbitos: la consideración general sobre el exilio, el exilio de 1939, la diáspora, la vivencia del exilio y el legado del exilio.
El relato está construido mediante testimonios y documentos, algunos de ellos inéditos, como un listado de los exiliados que partieron en barco hacia América o un conjunto de cartas y postales de reclusos que recogen las vivencias del exilio.
Entre otros documentos relevantes se encuentran un cuaderno con instrucciones sobre el uso de explosivos, la prensa de varias instituciones, o diferentes materiales que muestran la actividad cultural de los refugiados republicanos en los campos de concentración franceses.
La muestra recoge también elementos artísticos de la época, como los dibujos de los exiliados Josep Franch Clapers y Josep Bartolí.
La fotografía tiene un protagonismo especial en este museo, e incluye imágenes de autores contemporáneos a los hechos, como algunas del célebre Frank Capa y de Francesc Boix, fotógrafo republicano deportado al campo de concentración de Mauthausen, cuya obra fue clave en el conocimiento y divulgación posterior del genocidio nazi.
El museo también incorpora 28 fotografías del fondo gráfico de la Agencia Efe, y muestra además instantáneas de fotógrafos actuales, como Robin Townsend, Francesc Abad, Pilar Aymerich o Nicole Bergé.
jueves, 18 de octubre de 2007
Descubrimiento de una placa en Homenaje al 75 Aniversario de la República Española
Descubrimiento de una placa en Homenaje al 75º Aniversario de la República Española
Por una presentación de los ciudadanos ANDRES SEÑORANS, MABEL OTERO E INES GARCIA HOLGADO, y gracias a la iniciativa del Diputado socialista Norberto La Porta, quien preside la Comisión de Cultura de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se descubrirá una placa en Homenaje al 75º Aniversario de la instauración de la República Española.
El acto se llevó a cabo el sábado 28 de octubre a las 11 hs. en la intersección de la Av. de Mayo y Salta, esquina donde se encuentra situado el Bar "Iberia", lugar emblemático por ser utilizado con lugar de encuentro de los exiliados republicanos en nuestra ciudad.
El texto de la placa rinde homenaje de la Legislatura "a los caídos, exiliados y represaliados en defensa de la II República Española, en su 75º aniversario (1931-2006)".
Ello significa un homenaje y reconocimiento de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil, o posteriormente de la represión de la dictadura franquista.
Entre los republicanos españoles que llegaron a la Argentina en calidad de exiliados -antes, durante y posteriormente a la Guerra Civil Española- se cuentan importantes personalidades de las ciencias y de las letras, entre ellos el Profesor Titular de Clínica Medica en la Universidad de Barcelona, Juan Cuatrecasas, Francisco Ayala, Claudio Sánchez Albornoz, Rafael Alberti, Rey Pastor, Niceto Alcalá Zamora, Manuel de Falla y científicos como Pío de Río Hortega o Angel Cabrera.
GUERRA EN LA AVENIDA DE MAYO
CLARIN DIGITAL DOMINGO 14 DE ABRIL DE 1996
En el Bar Iberia ubicado en Avenida de Mayo y Salta se colocó una placa en homenaje del 75 Aniversario del Advenimiento de la República .
Este artículo trata sobre el sígnificado emblemático de la Avenida de Mayo y la Guerra Civil Española. Asimismo, sobre la ayuda y compromiso de miles y miles de argentinos con la causa republicana.
Dirigente juvenil del Partido Comunista Argentino, Fany Edelman se enroló como voluntaria en la Guerra Civil. A los 82 años, esta mujer de prolijo rodete, en quien la coquetería parece una condición de la longevidad, recuerda aquel tiempo en España como su edad de esplendor, la instancia en que su vida tuvo un sentido más pleno. "La solidaridad con el Frente Popular fue enorme "recuerda Edelman". Uno de los motores de esa ayuda era el Patronato Español de Ayuda a las Víctimas de la Represión en Asturias, creado dos años antes a raíz de la represión de los mineros huelguistas. De inmediato se constituyó el Comité de Ayuda al Pueblo Español, y luego decenas de otros comités, creo que casi doscientos, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego." Edelman recuerda que la Argentina enviaba embarques semanales de sopas concentradas, que las descendientes de españoles tejían bufandas para el ejército popular. Los niños juntaban papel plateado, que luego era vendido y convertido en donaciones. La ayuda espontánea fue tan masiva, que la Argentina se ubicó como segundo país, después de Francia, en el caudal de ayuda popular a la República. En la esfera del poder, el gobierno de facto de Agustín P. Justo procuraba disimular su simpatía por los militares sublevados, pero la prensa argentina se inclinó enérgicamente en favor de los republicanos, con el viejo diario Crítica a la cabeza. Su director, Natalio Botana, tendría una permanente militancia en favor de los republicanos a lo largo de dos décadas. Angel Nañez, que llegó a Buenos Aires en 1940, evoca las colectas promovidas en la redacción del diario, y que el propio Botana reunía el dinero que mensualmente era entregado a las familias de refugiados, hasta que encontraran trabajo. La colectividad peleaba su propia guerra a la distancia. Los españoles de Buenos Aires recuerdan que en la Avenida de Mayo funcionaba algo así como un comando de simpatizantes y detractores de la República. En las esquinas de la avenida y Salta, dos bares nucleaban a los unos y a los otros: en el Iberia, los republicanos; en el Español, los franquistas. El lenguaje era la provocación, y las escenas, propias de una taberna. Allí se esperaba la caída de la tarde y las noticias del día. Las ruedas se prolongaban hasta medianoche, y no faltaba en la semana una jornada de roces, con sillas y tazas volando por el aire. Mientras Libertad Lamarque y Fernando Ochoa daban recitales a beneficio en el Luna Park, en San Juan se realizaba una campaña de donaciones recogidas por el club de ciclistas. El mismo año de la sublevación comenzaba a editarse en Buenos Aires La Voz de España, un medio que luego se transformaría en el republicano La Nueva España, con una tirada semanal de 60.000 ejemplares. A raíz de la persecución de algunos grupos profranquistas "uno de cuyos portavoces prestigiosos era el notable narrador argentino Arturo Cancela", La Nueva España acabó alquilando una isla en el Tigre, Los Pinos, donde se cobraba 20 centavos para participar de un picnic. En una respuesta institucional al problema planteado por los argentinos que sí se sentían atrapados en un conflicto ajeno, en 1936 y 1937, partían a Alicante el crucero ARA "25 de Mayo" y el torpedero "Tucumán", para repatriar argentinos y refugiados de otras nacionalidades latinoamericanas. La República había dispuesto ese puerto valenciano como punto de evacuación de los extranjeros. En 1937 Fany y su esposo, Bernardo Edelman, partían finalmente a París. Tenían 25 años y su llegada a España fue organizada por el Socorro Popular Francés. Edelman recuerda una Madrid de pesadillas, llena de bolsas de arena, con que los habitantes se protegían de los tiroteos. Bernardo trabajaba como corresponsal para el diario La Nueva España, mientras ella trabajaba para el Socorro Solidario en Valencia. Fany también presidía la Federación Democrática Internacional de Mujeres, lo que le permitió estar en contacto con Dolores Ibarruri. Dice Edelman: "En la Pasionaria se conjugaba todo. Era muy alta y apuesta, siempre vestida de negro y tenía una oratoria conmovedora. Yo creo que su presencia definió mucho la actitud del pueblo español". Fany cuenta que "el Socorro concentraba toda la ayuda internacional, de modo que allí acudían los soldados, pero también los jefes militares y la intelectualidad más significativa de España". Fue allí que la pareja de argentinos conoció a Antonio Machado, cuyo hermano, Manuel, era franquista, y también al poeta Miguel Hernández. "La actividad era frenética en el gran salón del Socorro", "recuerda Fany, quien tuvo a su cargo la organización de la campaña de solidaridad del 37". "Ese invierno Machado llamó a los españoles a desprenderse de sus pertenencias para contribuir a la guerra.